¿Qué pasa cuando se pierden los consensos sobre la realidad?
No importa que todos estemos viendo o escuchando lo mismo; ya ni siquiera importa lo que digan quienes protagonizan los hechos. Los algoritmos y las realidades personales a la carta lo tiñen todo de caos y confusión.
En un pasado no muy lejano, frente a problemas como la desocupación, el hecho era innegable, aunque estuviera sujeto a diversas teorías. Los sectores conservadores/de derecha defendían las suyas, planteando posibles causas y escenarios a futuro, pero el fenómeno en sí persistía. Hoy, aunque el progresismo nac & pop lo intente, no existe una causa común ni una realidad compartida. Estamos en una era liquida, donde nada tiene una profundidad real y nada perdura.
Mientras tanto, nos creemos protagonistas de algo más —emprendedores, empresarios, luchadores, vikingos, millonarios, Peaky Blinders, narcos—, atravesados por mensajes de autoayuda new age, lectura de tarot, constelaciones familiares, inteligencia artificial, psicología en frases, mascotas como hijos, adolescencia eterna, evangelismo y cultura caribeña.
Hacemos de cada una de estas sectas algo constitutivo de nuestro ser, algo intrínseco: Una trinchera desde la cual mirar el resto del mundo y, desde esa óptica, entenderlo. La realidad del afuera, de la calle —incluso, quizás, la del propio hogar o familia—, no tiene peso frente a estas ‘certezas’. Por estos cultos modernos, que siempre parecen diseñados a nuestra medida, estamos dispuestos a dar pelea hasta el final, porque entregarlos significa entregarnos a nosotros mismos. ¿Quizás también signifique reconocer el horror de la actualidad, la autoexplotación a la que nos sometemos, la precarización, la derrota? En una época donde solo el éxito individual es validado, parecemos aferrarnos a lo que sea con tal de no aceptar un fracaso.
En los primeros días de internet se repetía una frase: «Si no pagas por el producto, tú eres el producto». Eso ya ha quedado viejo. Hoy somos el commodity, la materia prima de la que todo se alimenta. En la vida digital, nuestra mente es el botín más preciado. Se busca todo el tiempo nuestra atención, nuestras reacciones.
En estas circunstancias y durante el Mundial más hiperconectado de la historia, con Leandro intentamos dar un paso atrás de todo ese torbellino de reacciones y réplicas para responder la pregunta madre que nos acompañó durante todo el podcast: ¿Realmente entendemos lo que estamos viviendo?
